La televisión española, sobre todo en informativos y directos, vive obsesionada con dar sensación de control absoluto: dicción perfecta, gesto neutro, escaletas milimetradas y gráficos que “nunca fallan”. Precisamente por eso, cuando algo se descuadra, el público lo nota al instante. No por morbo, sino porque esos segundos revelan lo que siempre se intenta ocultar: que detrás del plató hay personas, nervios, prisas y tecnología con ganas de sabotearlo todo.
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Uno de los ejemplos más comentados ocurrió en Antena 3 Noticias, cuando la meteoróloga Himar González no pudo contener la risa en pleno directo tras un comentario previo entre compañeros. La escena duró poco, pero fue suficiente para romper la solemnidad típica del formato. Intentó recomponerse, pidió disculpas con naturalidad y continuó como pudo, dejando ese tipo de momento que no perjudica la credibilidad, pero sí humaniza la pantalla.
Algo parecido se vivió en RTVE (Canal 24 Horas), cuando la presentadora Ángeles Bravo protagonizó un lapsus al hablar de un personaje de Disney y acabó provocando una risa contagiosa en el plató. Su compañera Beatriz Pérez-Aranda tampoco logró mantener la compostura. El detalle no fue la equivocación en sí, sino el contraste entre el tono informativo y la situación absurda que, por unos segundos, convirtió el informativo en una escena espontánea e imposible de “editar”.
Durante temporales o conexiones complicadas, los directos desde la calle son terreno abonado para el caos. En La Roca (laSexta), la reportera Carla Álvarez conectó desde Huelva en medio de un fuerte temporal con viento, lluvia y problemas técnicos. El paraguas, el sonido y la imagen luchaban por sobrevivir mientras ella intentaba mantener el hilo informativo. La propia periodista llegó a reconocer, con sinceridad, que era de las peores conexiones que había hecho, y el plató reaccionó entre apoyo y risas contenidas.
Las meteduras de pata técnicas, por supuesto, también tienen su hueco. En programas con mapas y grafismos en tiempo real, un pequeño error puede convertirse en protagonista. En Cuatro al día (Cuatro), por ejemplo, un mapa de España apareció con elementos mal colocados, generando confusión y comentarios inmediatos en redes. Lo más curioso es que, como ocurre a menudo, el equipo siguió adelante sin señalar el fallo: una decisión comprensible, pero que hace que el espectador mire todavía más la pantalla pensando “¿de verdad nadie lo ve?”.
Hay casos en los que el problema no es el gráfico ni el sonido, sino la etiqueta de “en directo”. En 2015, se comentó mucho un episodio en el que distintos canales parecían emitir simultáneamente la misma “conexión en directo” con un invitado político, algo físicamente imposible. La explicación fue más prosaica de lo que parecía: en uno de los espacios se trataba de una grabación y la rotulación “en directo” había quedado activada por error. Es decir: el tipo de fallo que no cambia nada… pero deja una sensación bastante incómoda.
También existen los “momentos sorpresa” causados por invitados imprevisibles. Durante la cobertura de la Lotería de Navidad en Antena 3, los presentadores Matías Prats y Mónica Carrillo conectaron con un hombre que aseguraba haber ganado “El Gordo”, generando confusión en pleno directo. La situación se volvió aún más surrealista cuando algunos espectadores identificaron al personaje como el conocido “Dandy de Barcelona”. Al final no era el número premiado, pero el momento quedó como ejemplo perfecto de lo rápido que un directo puede girar hacia lo absurdo.
A veces, la incomodidad llega por algo tan simple como el cuerpo. En Informativos Telecinco, la presentadora María Casado tuvo que abandonar momentáneamente el plató tras atragantarse en directo, y su compañera Carmen Corazzini tomó el relevo con total normalidad. No hubo dramatismo ni exceso de explicación: se resolvió con profesionalidad, pero el silencio de transición y el cambio repentino son precisamente esas pequeñas grietas por las que se cuela la realidad.
Incluso cuando no hay fallo, algunos cierres “demasiado humanos” pueden generar sorpresa. En ocasiones, ciertos informativos intentan relajar el tono con guiños o momentos ligeros. Cuando eso sale bien, el público lo agradece. Cuando sale raro, se convierte en clip viral y debate de bar: “¿era necesario en un informativo?”. La línea es finísima, y en televisión, como siempre, se cruza con facilidad.
Ninguno de estos episodios suele terminar en escándalo. Al contrario: recuerdan que el directo no es una grabación perfecta, sino un sistema vivo donde todo puede pasar. Y aunque a veces resulte incómodo, esa parte imprevisible es justo la que hace que la televisión, de vez en cuando, parezca de verdad.
